viernes, 18 de noviembre de 2016

UN RETRATO A CARBONCILLO

Por la noche le poseen sueños de infancia
Piensa en aquellos domingos,
Siempre con preguntas sin respuesta 
Oye pisadas de insecto en su cabeza 
Y la luz que se filtra por su ventana no le deja dormir
Tiene insomnio en las noches de luna
Mirando al techo pasa las horas,
Envuelto en su mortaja, inmaculado,
En él ha vivido siempre el deseo de martirio,
Siente el fuego del pecado en sus huesos
Mas allá de las nubes ve una mujer muerta
Ahora tan lejos,
Sabe que ella se cortará pensando en él
Que se divierte y ya no lo invoca con ternura
Y que todo es confeti lánguido que adornará las fiestas

El pecado de la calle, la lluvia

La avenida, una tundra de cemento,
Conservado en el permafrost de la indiferencia
Morir en días como ese se le antoja bonito
Asemeja a belleza de rosas muertas
Contemplando a través de su habitación los cafés vacíos,
Todo tan lejos de ser real,
Bebe esta agua vieja que le alimenta
Observa su cuerpo enfermo y es feliz,
Desapareciendo lentamente con los días
Con el pecho quebrado y los ojos secos
La tez lívida que tiñe de color muerte el corpus
Nada separa al corazón de los huesos por los que resbala
Extiende los brazos como ramas delgadas y encorvadas
Para abrazar la tierra húmeda que lo acogerá.
Es un anelo que muere nada más nacer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario