Ahogado en un cielo inexistente
Los pájaros agonizan clavados en el firmamento
Acaricio con mis dedos el cansado
reloj que ha detenido el tiempo
reloj que ha detenido el tiempo
Es un día de otoño, lento y extraño
Que fluye por mis alcoholizados sentidos, pesados, blandos
Y en los tejados de la ciudad el número pi extendido
hasta el infinito
Representado en espiral dentro de un círculo que es
una esfera
Arranca de un soplido un pétalo al pulmón de acero
Y se enreda en el campanario y rompe a llorar
A través de él se atisba claro el final
Aplico solución de curare a una mente líquida que se
comba hacia el infinito
¡Como negar tu existencia!
Hoy he jurado que no habrá primavera
He quemado la casa y los libros
Tantas resacas por seguir la vereda de la noche
dejaron llagas en el alma
Las habitaciones que dan al mar
Los bares sórdidos
El whisky con hielos
El whisky con hielos
Los domingos solitarios que fueron tantos
Me dejaron el silencio más intenso en el recuerdo
Y el sabor más amargo en la tierra que cubre mi tumba
Donde sin albergar deseo bajo la hueca corteza
El erial maldito del que brotaba sangre dejó de dar
sus malsanos frutos
Y enterré la esperanza en un jardín de rosas
El día de mi funeral
Y para no actuar en vuestras tragedias
Me autoimpuse el exilio de la memoria
Decapité con mi lengua otra marchita flor de verano
Diciendo adiós al recuerdo de que antaño
Yo era el invierno y estaba solo en un vasto páramo
Paisaje enlatado en los mejores cuadros de espanto
Donde te erigías ante mí como una pirámide de cosas
bellas
Sentía cada paso a través de ese desolado de placeres
inalcanzables
Revelaste el nombre exacto de esas cosas…
A saber, que el enemigo es uno mismo y su existencia
Que solo somos nubes pasajeras
Una flor metálica en el jardín de las ideas
Y el frío corazón del Ícaro que se cansó de amar
El cielo vacío donde languidecía a lo lejos una luna
muerta.
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