La tormenta va surcando fugaz
Las inmensas cuevas frente al mar,
Cuyas bocas, oscuras en el infinito,
Son capaces de albergar la humanidad
Bajo su monstruosa bóveda,
Y surgen allí como ceniza,
Habitando lo jamás habitado,
Las sombras de lo desconocido,
Aquellas que van abrazando las olas
Con mil lenguas que barren inclementes
La entrada a la terrible cueva,
Arrastrando al náufrago poeta
A la oscuridad y el olvido perpetuo,
Directo a las entrañas de la bestia
Olvidado en su nueva morada
Un grito animal inunda el vacío
En forma de desquiciado rugido
Y el eco rompe el eterno silencio
Escupiendo estas indomables palabras:
"¡Que más da en lo alto que enterrado bajo tierra!"
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