Entre
sombras de cristal púrpura
y
el canto de un mudo hipócrita,
eclipsados
por la luz de una vela
volamos
por el ojo de la princesa Noche,
soñadores,
señores
de perlada frente,
voy
quemando sendas con la suela de mis zapatos
y
la princesa Noche me susurra al oído,
Cocaína,
es
el engaño y la verdad,
ambas
a la vez
y
ni una al mismo tiempo,
demasiado
tarde para la compasión,
muy
pronto para perder el control,
cuando
las orquídeas que penden de tu cuello
son
el Homicidio,
los
ríos de mentiras
una
superstición
y
este poema
una
alucinación.
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