De tu
propia tristeza en la marea inclemente
nace el
dislocado reflejo de una rosa
que habita
el cielo pálido sobre jardines
teñidos de
ámbar en la fría languidez otoñal
La niebla
en la noche disimulaba
ese jardín
silencioso, inquietante, estremecedor,
tejido en
la mortecina luz
de la luna
que lo envuelve en su seno espectral
Por encima
de la bruma y las marismas
la noche
corre por atraparte,
oscuro
borde del abismo batido por el viento,
mientras
la rosa resplandece fúnebre en la noche
borrando
el horizonte en toda su extensión
con el
tenue llanto de un sólo pétalo.
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