De camino a casa veo a unos niños que deleitan la vista contemplando el escaparate de una pastelería
Para tormento de su hambriento estomago, es la hora de la merienda.
Una señora hace un gracioso ruido de zapatos al pasar frente un par de monjas
Parece que quisiera saludarlas bailando un extraño ritual con los pies
Al mediodía los arboles no ofrecen sombra a los jubilados y los semáforos permanecen siempre rojos para los que aun pueden caminar
Otro cuenta las monedas que le faltan para la maquina de tabaco y un perro mejor vestido que el viejo mendigo conocido pasa por su lado
Ojos ciegos que miran sin ver corren de un lado a otro en dirección a ninguna parte
El tranvía vomita gente y en la avenida el destino de todos ellos se separa para siempre
Se diría que la gente no duerme que la ciudad se mueve por costumbre o por inercia
En la tienda de discos viejos Miles Davis envejece tras el cristal junto a su melancólico dueño
El tocadiscos mudo envidia a los niños que tumbados en el parque sienten la hierba bajo sus manos y cuentan nubes en un agotado cielo azul
Las iglesias modernistas ya no lucen vidrieras ni cúpulas ni arcos el sentimiento ha muerto en ellas y tienen las persianas bajadas
El espíritu de la calle que respiro, comercios, los ojos de la gente, mi manía persecutoria en espacios cerrados,
Las flores de un balcón invaden la fachada escalando en dirección al cielo
El café "Faltas Tú" sigue vacío.
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