El olvido donde vierto el café insomne de famélicos tigres enjutos como el infinito de tu mirada perdida sobre el mar cálido de unos labios ahogados en nostalgia y mis ojos que te miran y resbalan en sus propias lágrimas donde se reflejan y brillan los rayos de una estrella lejana.
Te alzas sobre ruinas amada tragedia que has jugado sobre la arena que derrama el tiempo para quemar los días y abandonar al azar de los meses la soledad y el recuerdo.
En mis pupilas donde caben tus manos y las mías habito el sol del amanecer borracho de luz y las nubes que me llenan de esperanza y el pensamiento en el centro de las cosas humanas que toco y me aman en sentido pesar por mi gloriosa desdicha.
He vertido un poco de todo esto en tu oído para acallar a los fantasmas que dicen nunca cuando gritas ahora
Los meses los días las horas de contemplar el silencio de nuestros labios mudos invisible frontera del mundo al que no perteneces
Voy a cerrar los ojos cuando no estés.
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