El horizonte se convirtió en abismo hacia las seis
Con los labios negros teñidos de vino bajo el umbral de la casa barroca
Enterré entre la nieve las pisadas de los demás
Y dibujé todo aquello que permanece oculto
Que bajo la piel late pasando desapercibido a los sentidos.
Desterrado del cielo, he llorado amargamente
Me vuelvo invisible a la llegada del invierno
Y mi cuerpo ha empezado a pudrirse
Ya sólo soy un fantasma vagando por tus calles,
Yo, vampiro post-humano
Tu, fría niebla en el aire,
En lo profundo de la noche
Tu recuerdo vive en mí.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
viernes, 18 de noviembre de 2016
UN RETRATO A CARBONCILLO
Por la noche le poseen sueños de infancia
Piensa en aquellos domingos,
Siempre con preguntas sin respuesta
Oye pisadas de insecto en su cabeza
Y la luz que se filtra por su ventana no le deja dormir
Tiene insomnio en las noches de luna
Mirando al techo pasa las horas,
Envuelto en su mortaja, inmaculado,
En él ha vivido siempre el deseo de martirio,
Siente el fuego del pecado en sus huesos
Mas allá de las nubes ve una mujer muerta
Ahora tan lejos,
Sabe que ella se cortará pensando en él
Que se divierte y ya no lo invoca con ternura
Y que todo es confeti lánguido que adornará las fiestas
El pecado de la calle, la lluvia
La avenida, una tundra de cemento,
Conservado en el permafrost de la indiferencia
Morir en días como ese se le antoja bonito
Asemeja a belleza de rosas muertas
Contemplando a través de su habitación los cafés vacíos,
Todo tan lejos de ser real,
Bebe esta agua vieja que le alimenta
Observa su cuerpo enfermo y es feliz,
Desapareciendo lentamente con los días
Con el pecho quebrado y los ojos secos
La tez lívida que tiñe de color muerte el corpus
Nada separa al corazón de los huesos por los que resbala
Extiende los brazos como ramas delgadas y encorvadas
Para abrazar la tierra húmeda que lo acogerá.
Es un anelo que muere nada más nacer.
Piensa en aquellos domingos,
Siempre con preguntas sin respuesta
Oye pisadas de insecto en su cabeza
Y la luz que se filtra por su ventana no le deja dormir
Tiene insomnio en las noches de luna
Mirando al techo pasa las horas,
Envuelto en su mortaja, inmaculado,
En él ha vivido siempre el deseo de martirio,
Siente el fuego del pecado en sus huesos
Mas allá de las nubes ve una mujer muerta
Ahora tan lejos,
Sabe que ella se cortará pensando en él
Que se divierte y ya no lo invoca con ternura
Y que todo es confeti lánguido que adornará las fiestas
El pecado de la calle, la lluvia
La avenida, una tundra de cemento,
Conservado en el permafrost de la indiferencia
Morir en días como ese se le antoja bonito
Asemeja a belleza de rosas muertas
Contemplando a través de su habitación los cafés vacíos,
Todo tan lejos de ser real,
Bebe esta agua vieja que le alimenta
Observa su cuerpo enfermo y es feliz,
Desapareciendo lentamente con los días
Con el pecho quebrado y los ojos secos
La tez lívida que tiñe de color muerte el corpus
Nada separa al corazón de los huesos por los que resbala
Extiende los brazos como ramas delgadas y encorvadas
Para abrazar la tierra húmeda que lo acogerá.
Es un anelo que muere nada más nacer.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)