Escupiendo algodón por diversas esquinas
Rompiendo la monotonía del treinta y
tres
Juego con la niebla en el dulce
abismo de la nada
Aquí, donde las semanas
son cada vez más largas
Un insaciable vacío interior me
devora
Mis pesadillas ríen y se distorsionan
en el purpúreo sueño
Noche atravesada por la luz del Gran
Amanecer
Que pende en delicado éxtasis
Noche herida de muerte
Por el fino hilo de néctar que
recorre la aguja
Noche que cuenta sus últimos segundos
a cada suspiro
Hasta alcanzar mi sangre
Y mezclarse con este enloquecido
cerebro
Y este corazón humano que late aún
pisoteado en el suelo.
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